El Viento del Mar.
Comentario.
En una tarde helada de Junio, me senté en mi puesto de guardia, en el Puente Amarillo, mientras el sol se ocultaba en uno de los días mas cortos del año .Tenia un cuaderno y un bolígrafo, y hacia tiempo que sentía la necesidad de escribir, pero nunca supe bien sobre que escribir, ni como hacerlo. Decidí entonces hacer igual que un Esgrimista, dejar que la muñeca, guiada por la intuición, lleve su espada hacia el combate, y ésta, de igual manera, guió mi pluma que comenzó a dibujar letras sobre el papel.
Fue así que en aquella oscura tarde del solsticio de invierno, cuando el Viento del Mar cargo gélido sobre el puerto de veleros, “Algo” comenzó a crecer sobre las hojas blancas.
Días después cuando leí lo escrito, y no pude reconocer una sola palabra como mía, no entendí bien lo que me estaba pasando.
Y así ocurrió luego, cuando durante más de tres años, cada madrugada, intentaba lo mismo sobre la computadora.
El Viento del Mar es, indudablemente, una novela con un tinte autobiográfico, histórico y con un toque de Magia .Yo le escapé siempre a la “Magia”, pero ella se obstina en provocarme una y otra vez.
Una parte de la historia real del Karate de mi ciudad, Mar del Plata, conjuntamente con los días legendarios en Okinawa, la imaginación y, repito, esa “Magia”, que juega a veses con lo material, lo espiritual y lo irreal se entremezclan en este libro.
Por muchos años intente ahorrar dinero para viajar al Japón, pero mi condición de trabajador portuario y la situación económica en general, no lo permitieron. Por ello siempre leí e investigue todo lo que pude sobre Okinawa, y por esos avatares de la vida, pude conocer a Dai Senseis como Shinzato, alumno de Chibana, Miyazato de Miyahira y a Kanazawa de Shotokan. También a Maestros de la talla de Morinobu Maeshiro y Nakamoto de
Finalmente dediqué esta obra a todos los estudiantes de Artes Marciales del mundo, a todos los que nunca fueron nombrados, a los que sudan su uniforme silenciosamente cada noche, a quienes solo usaron el “Poder del Budo”, para proteger al indefenso.
Claudio López
